ORFEO

La historia de Orfeo es fascinante, una de las que, personalmente más me atraen, dentro de la mitología griega clásica. Sin ir más lejos, el origen de la expresión “la música amansa a las fieras”, se la debemos a él.
Aúna en ella una parte triste, dramática y una alegre de amor, pero amor del de verdad… y para quien no la conozca, dejo a continuación un resumen de su historia.
Orfeo, hijo de Apolo y Calíope, poeta y músico, tenía el don de tocar la lira de 9 cuerdas -en honor a las 9 musas- de una forma única. Tal era su talento, que era capaz de detener el cauce de los ríos. Llegó incluso a acompañar a los Argonautas en la búsqueda del Vellocino de Oro, marcando el ritmo de los remeros y haciéndolo más llevadero. Esta es la cara más amable y alegre de la vida de Orfeo…

La parte triste, cuenta que Orfeo, perdió a su mujer, Eurídice, en un trágico suceso en el que la mordedura de una serpiente, en un bosque, acabó con la vida de su amada, mientras huía de Aristeo, que intentaba raptarla.
Al no poder soportar el dolor de su pérdida, Orfeo, decidió ir a buscar a Eurídice al inframundo, para traerla de vuelta a la tierra. Ardua y peligrosa tarea, para la cual, confió ciegamente en la “magia” que desprendía al tocar su lira.
En un primer encuentro con Caronte, el barquero, éste se negó a llevarlo a través de la Laguna Estigia. La música embelesó al barquero de tal manera, que consiguió que lo dejara en la mismísima puerta del infierno, donde le esperaba Cerbero, el agresivo perro guardián, al que amansó de la misma forma.
Una vez dentro, tras el encuentro con Hades y Perséfone y ante las súplicas de Orfeo, consiguió que le devolvieran a su amada Eurídice, con una sola condición: debería caminar delante de ella, hasta ascender a la tierra y una vez allí, el sol debería bañar con su luz por completo a su adorada Eurídice.

El regreso no fue sencillo. En su camino, se encontró con todo tipo de peligros, desde las bestias más atroces, hasta los demonios más temidos por el hombre. A pesar de sus irreflenables ganas de volver su cabeza para admirar a Eurídice y constatar que se encontraba bien, Orfeo aguantó la tentación.
Una vez en la tierra, decidió girarse para por fin, ver a su amada, sin percatarse de que Eurídice, aún tenía un pie en el inframundo. Hecho por el cual se desvaneció y jamás pudo recuperarla.

La inmensa pena de Orfeo, le obligó a desaparecer y a vagar por bosques y caminos. En sus trayectos, sin destinos concretos, solo era capaz de tocar las melodías más tristes que jamás se habían escuchado.
Un día, se encontró con las Ménades, que lo mataron, desmembrando su cuerpo y esparciéndolo por varios lugares. Su cabeza y su lira, por ejemplo, fueron arrojadas cerca de la isla de Lesbos, donde una serpiente intentó engullirlas. Apolo, lo impidió, convirtiendo al ofidio en piedra.
El final de esta historia, es feliz, pues Orfeo consiguió reunirse con Eurídice eternamente en los Campos Elíseos.


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